15 de abril de 2008

El Guatemalteco feo.




Por: Fabrizzio García Payés
Leyendo un libro titulado, THE UGLY AMERICAN, escrito por William J. Lederer & Eugene Burdick, el cual nos muestra como el funcionario publico americano se comporta cuando se encuentra trabajando en el extranjero.

Es una historia ficticia basada en hechos reales, nos demuestra como es el trato de los americanos hacia los habitantes del país donde trabajan, nos muestra como la gran mayoría de funcionarios tratan con desden a los ciudadanos del país huésped, estos generalmente no se toman la molestia de aprender la cultura del país, no comen la comida nacional, no aprenden el idioma del país, vemos como importan la mayoría de artículos para su uso diario y vemos como se aíslan y reúnen solamente con otros americanos.

Muchas de estas cosas las podemos ver a diario con los funcionarios americanos que se encuentran en Guatemala. Después de leerlo me hizo pensar en como cambian las personas de un partido cuando gana la elección presidencial su partido, vemos el cambio de como de ser un guatemalteco común y corriente pasan a ser el Señor funcionario publico, con guardaespaldas y toda la corte necesaria, o sea en el “Guatemalteco feo”.

Esto tiene un efecto profundo sobre las personas que asumen como nuevos funcionarios públicos, aparentemente el nombramiento provoca amnesia, no se recuerdan de los amigos y conocidos ni a los que los ayudaron a llegar al puesto, nunca han sido pobres, siempre han vivido en mansión y están acostumbrados a viajar en avión privado.

Parece mentira, pero el poder transitorio, embriaga a los políticos de turno, algunos llegan a creer que solamente ellos tienen la solución a los problemas de Guatemala, creen también que los guatemaltecos somos idiotas o que no nos importa lo que hacen, algunos otros creen que tienen el derecho de vida o muerte cual emperador romano sobre sus conciudadanos. Y hay algunos que se sienten hasta bonitos y canchitos y se creen el dicho popular, “Ay Diosito dame dinero que lo feito me lo quito yo”.

Pero la triste realidad es que el poder descubre el cobre en la gran mayoría de políticos y funcionarios de turno, nos muestran en su mayoría su ineptitud, prepotencia y lo corruptos que pueden ser en el ejercicio de sus funciones y en el trato con los guatemaltecos.

Muchos funcionarios públicos, como por ejemplo, los voceros presidenciales de Álvaro Colom, recurren a la descalificación de su críticos, demostrando, no solamente la intolerancia del gobierno, sino su ineficiencia en un puesto que requiere de tacto y cuidado con las declaraciones que se dan, para evitar malos entendidos y así evitar dolores de cabeza al presidente.

Es triste ver como el poder corrompe, vemos a personas en muchos casos, profesionales mediocres, empresarios fracasados o corruptos, don nadie, convertirse en personajes intocables y en los nuevos ricos que produce cada 4 años el gobierno de turno.
Pero lo más triste es ver como la alta sociedad guatemalteca acepta a personas que se han enriquecido en forma ilícita, los acepta como si fueran héroes o empresarios exitosos y no como lo que son, corruptos y ladrones.

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28 de marzo de 2008

Entre terroristas, narcos y mareros.


Por: Fabrizzio García Payés



Guatemala, tiene tres graves problemas de seguridad ciudadana:

1. El terrorismo representado por grupos que escudados en peticiones de tierra, han recurrido al secuestro, invasión de fincas, destrucción de áreas protegidas además de amenazas, como destruir el oleoducto y otras acciones para presionar al gobierno.

2. Los narcotraficantes que han visto un gobierno débil y corrupto.

3. Las maras, las cuales han servido como grupos de choque, distribuidores y sicarios para los narcotraficantes. Las Maras se han convertido en el principal grupo del crimen organizado.

La ubicación geográfica de Guatemala la han convertido en un lugar clave para el narcotráfico, la falta de radares, guardacostas, patrullajes y un gobierno corrupto, nos ha convertido en el paraíso del narcotráfico.

La reducción del ejercito (cortesía de los guerrilleros y los desatinados Acuerdos de Paz) nos ha dejado a merced del narcotráfico, con el cierre de bases entre el Pacifico y el Atlántico se dejo un corredor abierto al narcotráfico, el cual lo a utilizado el narcotráfico efectivamente, creando a lo largo de este, a los famosos carteles como el de El Golfo, el de Zacapa y el de Santa Lucia en la costa sur del país.

El gobierno de la UNE ha ofrecido un plan de seguridad integral no represivo y campañas de presencia física como el inútil plan cuadrante y motorizado. Estos planes no han dado los resultados que necesita la ciudadanía, siguen los asesinatos de pilotos, secuestros, asaltos y gran cantidad de asesinatos, demostrando su ineptitud en cuestiones de seguridad.

El colmo es que el jefe de la SAAS, Carlos Quintanilla, denuncio que las últimas acciones de los terroristas, narcotraficantes y acciones de las maras son un plan para desestabilizar, desprestigiar y desgastar el estado. Declarando que este plan es dirigido por alguien maquiavélico.

No solo es risible sino además es patético que den semejantes declaraciones, tratando de justificar la ineptitud de los funcionarios de gobierno y su inefectivo plan de los 100 días. El líder del Partido Patriota, declaro que no hay tal plan de desestabilización sino una actividad criminal que ha sobrepasado las instituciones encargadas de proteger a los guatemaltecos, el plan de desestabilizar al gobierno es algo que ellos mismos se han inventado y no es la realidad.

El gobierno de Álvaro Colom tiene que dejar de ofrecer soluciones poco realistas, debe de reorganizar las fuerzas de seguridad, eliminando la corrupción y profesionalizando las fuerzas de seguridad.

Se debe equipar al ejercito con helicópteros, aviones, lanchas para patrullaje de las costas, radares y otros equipos para patrullar áreas como el Peten, Izabal, Escuintla y otras áreas con alto índice de narcotráfico. Se deben incrementar las penas para los delitos que cometen los narcotraficantes, mareros y terroristas. Guatemala necesita leyes más efectivas y penas más fuertes para disuadir a los criminales.

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