19 de febrero de 2008

El costo de las facturas políticas.

Por: Fidel E. Orellana.



Toda campaña política conlleva, por parte del candidato o del partido, la búsqueda de alianzas y apoyos para afianzar el triunfo. Esta es una práctica válida; se trata de hacer causa común para alcanzar el objetivo, y en ese sentido, los respaldos son valiosos y bienvenidos.

El problema comienza cuando quienes otorgan esos apoyos no lo hacen por solidaridad con el amigo candidato o por identificación con los principios y plataforma ideológica del partido que lo propone, sino con el avieso fin de obtener algo a cambio, una vez conseguido el propósito.

Esos ejemplos los hemos tenido a montones en nuestro país y en nuestro municipio. Los convenencieros, los arribistas abundan. Y se tiene que señalar a quienes pasan este tipo de facturas, cobrando con creces el favor de haber apoyado en campaña. De allí procede en gran parte el saqueo a las arcas públicas y el repugnante tráfico de influencias de algunos que buscan salir de pobres a como de lugar, sin importarles que en sus trapacerías dejen más miseria y necesidad.

Todo esto desencanta, decepciona y desmoraliza a la ciudadanía. ¿Esta es la democracia que todos queríamos? Llevamos ya 22 años de presidentes civiles, de un sistema en el que el primer mandatario, diputados y alcaldes son elegidos libremente por los guatemaltecos y las prácticas de corrupción no se acaban. Por el contrario, con cada nuevo gobierno vemos funcionarios que se lucen con procedimientos cada vez más asquerosos a la hora de robar.

Ahora, el verdadero origen del problema está en candidatos que en su afán de ganar una elección son capaces de pactar hasta con el diablo y muchas veces no prevén las consecuencias, que pueden ser, entre otras, una administración desastrosa por la argolla de corruptos de que se ve rodeado y que, quiéralo o no, terminan por manchar su imagen.

¿Hay solución? Podría haberla si tuviéramos candidatos con conciencia, que no vendan su dignidad, que prefieran la derrota antes que negociar con la corrupción y que estén dispuestos a encarar los grandes retos sin compromisos dudosos.
Identificar a estos sujetos que se acercan para ofrecer apoyo no cuesta gran trabajo, la ambición se les nota a leguas y mantenerlos a distancia es lo más aconsejable para cualquiera.

Bueno, para cualquiera que no haya hecho pactos y compromisos con ellos en el pasado.

SIGA LEYENDO

18 de enero de 2008

Ya van dos


Por: Fidel Eduardo Orellana


Ha transcurrido apenas una semana del ascenso a la Presidencia de la República del Ing. Álvaro Colom Caballeros y ya se han producido dos señales de debilidad preocupantes para su administración y para todo el país.

La primera, la decisión de dar marcha atrás en el nombramiento de Fernando Fuentes Mohr como Secretario Privado de la Presidencia, ante la andanada de críticas que le llovieron por el posible conflicto legal que significaría que su sobrino, Juan Alberto Fuentes Knight, también esté en el equipo de Gobierno, al frente del Ministerio de Finanzas.

Si hay violación a la ley, eso debió preverlo el Señor Presidente o su equipo de trabajo, para no caer en el error de dar marcha atrás públicamente, dejando entrever que hubo improvisación en los nombramientos. Si no hay violación a la ley, el Ejecutivo debió mantener en su puesto a ambos personajes, la firmeza de carácter del Primer Mandatario envía a todo el país un mensaje de seguridad y tranquilidad.

La segunda señal, el abortado nombramiento de Alfredo Tay Coyoy como Viceministro Administrativo de Educación. Como bien sabemos, el Presidente Colom se reunió hace unos días con Joviel Acevedo, dirigente de la Asamblea Nacional del Magisterio y de esa reunión surgió la decisión de ratificar en el cargo a Ana de Molina, con la condición de nombrar como viceministros a Olmedo España, Virginia Tacán de Tzul y María Alicia Telón, sugeridos por el magisterio.

La sorpresa fue general cuando se dio a conocer que España ya no iría como Viceministro Administrativo y su lugar sería ocupado por Tay Coyoy, por decisión de la ministra. Tay Coyoy, quien no goza precisamente de las simpatías del gremio magisterial desde los tiempos en que fue ministro de Educación durante el gobierno de Ramiro de León Carpio, encima fue llamado para desplazar a una de las tres propuestas de los maestros, que ya había sido negociada y aceptada por Colom. Ante la amenaza de huelga del gremio de docentes encabezado por Acevedo, el Gobierno se retractó y decidió no nombrar a Tay Coyoy.

Las lecturas son variadas: un gobierno que en los primeros días intenta quedar bien con todos, girando como veleta según sople el viento. Pero el resultado, de seguir así, puede ser desastroso, finalmente no se satisfará a ningún sector y el desgaste puede sobrevenir mucho más rápido.
O improvisación, tomando decisiones según se vayan dando los acontecimientos, lo cual conlleva el peligro de descalabros en la administración pública por decisiones precipitadas.

Acaso conflicto de intereses entre ideología y compromisos de campaña. Los principios socialdemócratas de los que se proclamó abanderado el Presidente Colom quizá puedan ser de difícil aplicación ante las presiones de obligaciones o responsabilidades contraídas por la UNE durante la campaña.

Sea cual sea la razón, lo que urge en estos momentos es que la ciudadanía tenga la certeza de que en la Presidencia de la República hay carácter, temple, seguridad y fuerza en todas las decisiones. Para eso elegimos Presidente.

SIGA LEYENDO