17 de abril de 2008

Cien años de olvido (novela) Capítulo 6





Por: Oscar Fernández



“La Hacienda, El Matasano”

La imponente mansión sobresalía en una ladera suave y extendida, era un hermoso Castillo, al menos su diseño arquitectónico emulaba a uno que quedaba en España entre Cuenca y Toledo, sobre la garganta del río Tajo.

Lo interesante de Toledo como una de las ciudades más importantes de la península es que fue influenciada por los conquistadores romanos, los árabes con sus 800 años de habitar la región.
Y desde luego con la casta española, su gastronomía y su arquitectura fascinante.

En los viajes a Europa por parte de la familia de mi bisabuela, Teresita de León se encontraban tres hermanos: Federico, Arturo y Manuel Toledo, el último tengo el honor de ser su bisnieto…pero su historia es un poco trágica…murió a los 26 años, mi abuela cuando ocurrió el hecho a lo sumo tendría dos años de edad.
Fue en los años 1934-1936 pero está parte de la historia familiar será escrita en un solo capítulo en honor a él…”El POETA”

Al llegar al lugar un arco de piedra y cemento de inmensas proporciones era la entrada para llegar a la Casona, un recorrido de doscientos metros de camino bien cuidado de piedra, con un muro a lo largo de la loma, protegiendo a los hacendados y a los jamelgos que pastaban por la pradera.

El camino era custodiado por enormes árboles que a los lados hacían sombra y daban un efecto romántico que preparaba a los invitados a la hacienda para lo que les recibiría… Los potreros se extendían hasta llegar a una laguna artificial donde un velero navegaba placidamente en el espejo de agua de un día fresco y cálido, al menos no había amenaza de tormentas que eran muy frecuentes en Septiembre y Octubre, típico del invierno que era muy marcado en la zona, los potrillos al galope se cruzaban por la pradera que tenía un corral de madera bien armada y de color blanco.

En este punto el carruaje con sus corceles se detenía, una inmensa puerta de madera de cedro tallada con los escudos de la familia en cada lado, se abría luego que el peón verificaba en la garita del lado derecho quienes eran los invitados… pasando el umbral, una enorme plazoleta de piedra se recorría hasta llegar a una fuente al centro con tres sirenas semidesnudas con sus colas de escamas, pero tres enormes peces jugando en el agua estancada de la fuente al fondo se podía ver los establos de la mansión, caballerangos haciendo sus tareas cotidianas y bellos caballos con estampas de campeones, una gran bodega para el heno, que colocaban los rancheros de la finca… un catrín, traído de Cuba, para el uso de los señores cuando supervisaban la hacienda y un carruaje cerrado al estilo las diligencias de la época de vaqueros.

Pero lo impresionante era el enorme taller de monturas, arneses y carruajes donde fabricaban con toda clase de herramientas las necesidades de la finca. El imponente castillo, quedaba en un promontorio, se llegaba subiendo tres escalinatas de piedra y cemento, pero en los corredores; enormes búcaros con flores hermosas del jardín que quedaba atrás de la mansión.

Una terraza de unos veinte metros de ancho por cincuenta de largo, de piedra y cerámica al llegar a este punto, tres enormes columnas de la mansión daban paso a un corredor amplio y espacioso lleno de enormes sillones para acomodarse y observar desde este punto la belleza del lugar. Con veinte dormitorios y tres salones de estar, un comedor estilo medieval amplio, lleno de espadas y escudos de la familia…una cocina campirana con dos chimeneas que se mantenían casi siempre encendidas, la bodega de vinos era adecuada no tan grande como las de Don José E. Juárez ... mi otro bis….

Aquí gran parte de su tiempo la pasaba Federico, Arturo y Manuel Toledo cuentan que en una oportunidad invitaron a un grupo de bailarinas que actuaban en el teatro Colón y lo verdaderamente bello era uno de los salones que se mandó a traer madera de California, la secoya; que resulta ser el árbol de más altura en todo el mundo.

Se dice que era la finca más bella de café de toda Guatemala…los caminos internos sumaban 28 kilómetros, dado el clima de la región, las características topográficas y su exuberante vegetación…su cuidado del cultivo de los cafetos, ríos y nacimientos le daban la fertilidad adecuada y belleza natural…eran más de 50 caballerías. La producción era enorme, la sombra del cafeto era gandul, Cuernavaca, guineo, poco antes de venderla estaba el proyecto de Cuje; como sombra definitiva…

Llegaba a dos millones de quintales de distintas variedades, pergamino, estrictamente duro era el de mayor cantidad de quintales de exportación su inventario de matitas de café, llegaba a ser de 20 millones. Este era un conteo anual.

Las fiestas palaciegas que se daban en la finca El Matasanos, competían en la región solo con las de la familia Juárez Auyón.

Decía mi bisabuela
….” TOTUS MUNDUS AGIT HISTRIONE”

Próximo El Poeta.

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9 de abril de 2008

Cien años de olvido (novela) Capítulo ll



Por: Oscar Fernández



La Fuente.

Don José Encarnación Juárez Auyón, amo y señor de la mansión solariega que se encontraba enclavada en la ladera de la montaña que daba de frente al Centro Histórico de la ciudad de Quetzaltenango, en el pórtico de la entrada principal mandó a colocar de hierro forjado, sus iniciales a manera de monograma (J.E.J) al día de hoy (2008) aún sobrevive esté balcón, como fiel símbolo de una era que se perdió en el tiempo y el olvido...

Durante los primeros años del nuevo siglo XX estableció una tradición que llegó a escucharse hasta en los pasillos del Escorial de Toledo. Cada mes salía un buque mercante con destino a España donde llevaba cargas valiosísimas y notas periodísticas, donde se hablaba de la familia Juárez Auyón, de la región de Xelajú, Quetzaltenango.


"En la imponente mansión J.A. se realizó un evento sin precedentes, se llevó a cabo en dos noches y tres días..Digno de las cortes de Reyes y Lores”.

Cómo dijo Rubén Darío (Poeta Nicaragüense 1867-1916)
"Cuando el hombre ama en verdad, su pasión lo penetra todo y es capaz de traspasar la tierra"

Cuenta Una Historia:

Se recuerda una anécdota que se dejó escuchar en los corredores del Palacio Real, donde uno de los miembros de la familia Borbón, hizo el comentario de la nota social venida de América. Pero como todo, quedó sepultada en el tiempo y el olvido se encargó de hacerla nada.

El primer día de la fastuosa fiesta, los invitados que iban llegando; eran conducidos al enorme jardín que daba en la parte trasera de la residencia, ahí se encontraba una ARCANASA , (pila de piedra) de dimensiones inmensas donde colocaban dos recipientes a la medida de la misma, de vidrio especial (el mismo utilizado en las botellas)

Un valet acompañaba a las personalidades de la sociedad de la época y al llegar al lugar indicado por el amo, los recibía con gentileza y aprecio, les ponía en sus manos una botella de champagne Don Perigñon, con un juego de copas de cristal de Bacará con orilla de oro, se tomaban a la salud de la familia anfitriona una sola copa...diciendo los mejores sentimientos que la hipocresía podía soportar, desde luego algunos eran de corazón....en fin.

Luego el resto de la botella, los invitados lo vaciaban en la pileta y así durante las primeras siete horas; el ritual se repetía hasta que la Arcanasa quedaba completamente llena...

Dicen que la cava familiar prácticamente quedaba vacía, más de quinientas botellas para mil invitados, eran consumidas en los tres días de noches de burbujas y baile.

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7 de abril de 2008

Cien años de olvido. (novela)


Por: Oscar Fernández
Cien años de Olvido...
Quetzaltenango, Sibilia (uno de los 24 municipios)


A pocos días de finalizar una centuria, con un clima fresco y una noche estrellada, la Luna se perdía en la fiesta nocturna ya que al acontecimiento habían llegado un millón de estrellas...que daban su bendición al alumbramiento de una heredera de la familia Toledo De León. La mansión lucía espectacular, los corredores de la estancia eran adornados con lazos cruzados con pinabete y naranjas repartidas en todas las esquinas clavadas con un asta que llevaba una bandera de colores de papel crepe..

El feliz padre, mi bisabuelo, daba todas las ordenes a la servidumbre, las comadronas calentaban enormes ollas de cobre y latón colocadas en los fogones de la cocina, al estilo clásico mexicano, amplia y de colores tropicales, cuatro cocineras se encargaban de preparar la cena a todos los comensales que incluían solo a la familia más cercana, con una excepción en la velada, había sido invitado Don Encarnación Juárez Aullón, por cierto en el siguiente siglo por hacer entrada, sería mi otro bisabuelo por el lado paterno. Pero en el momento que vivían, faltaban 57 años por confirmarlo.

Al dar las once de la noche, mi abuelo materno, fumaba su acostumbrado puro, exhalando bocanadas interminables en el centro del patio de la estancia...su caminar nervioso denotaba una ligera preocupación, pero al nacer la niña mas hermosa que haya parido la vida, corrieron a darle la noticia y todo pasó a ser un momento de amor y felicidad. Era un 8 de Diciembre de 1900

Por tradición se daba la orden de que un pariente cercano tocara el piano de cola, regalo de una tía de las Europas, por espacio de dos horas se escucharon los vals y la música más bella del mundo de los grandes autores clásicos...

Concepción Toledo, creció con la más estricta disciplina y con una educación extrema, pero con el tiempo su carácter bondadoso y su amor por las cosas sencillas, la hicieron la favorita de toda la familia, pero era tal su belleza que al cumplir sus quince años y ser presentada en sociedad, los pretendientes comenzaron a disputarse su amor.. Durante diez años fue 7 veces las reina de la comarca, se le comparaba con Helena de Troya, unos ojos color ámbar, una tez blanca mate, un cuerpo con una armonía, elegancia y una clase que rivalizaba con la aristocracia de Europa...

La mansión en el centro de Quetzaltenango, que hoy día se le conoce como Hotel Bonifaz, era la casa de mi bisabuelo por el lado paterno, siendo de las familias mas ricas de la región, con una finca de 90 caballerías y con el pasar del tiempo se conformó un municipio que colinda con Sibilia. Precisamente por esos lares; de jóvenes se conocieron mis abuelos, se juraron amor eterno y los estudios de él en los Estados Unidos, los separó por un largo tiempo, pero en el amor el tiempo es corto, con una fiesta de bienvenida a mi abuelo Humberto Juárez, ellos se volvieron a ver y felizmente se casaron un día de Abril.

1932, nació mi madre Rosa María Juárez Toledo, siendo la más hermosa de las hermanas, pero ella fue gemela, mi tía Celeste, vivaz, fabulosa de carácter, con un talento a la pintura, que aún se tienen cuadros en los pasillos de la casa de mi prima. Mi madre, sacó la fuerza de mi abuelo, el carácter de mi otro abuelo.
Cuándo tenía 16 años la vida les dio un cambio drástico, perdiendo todo bien que la familia poseía, fue algo devastador para mi madre, se refugió en un amor juvenil y a los diecinueve años, tuvo a su primera niña, tan bella como mi abuela, le bautizaron María Doricía Salazar J.

Una niña realmente bella, sus cabellos que eran unos bucles de ricitos de oro, su color rubio la hacia ser una niña preciosa, con los ojos rasgados y de tonalidad verde ambarino más impresionantes que la familia haya tenido, era una mezcla, entre los de mi abuela Conchita y mi madre RosMary.

La pobreza cayó como una sombra fúnebre en el seno de la familia, mi abuelo se dio al olvido y a la bebida, mi madre se casó con el que iba a ser mi progenitor Don Horacio Fernández Raudez, hombre regio, nacido en Nicaragua y 27 años mayor que mi madre, con tal diferencia, le llenó de muchos hijos, entre los cuales quién escribe esta crónica familiar.

14 de Junio 1957, fue la fecha que vine al mundo, dos meses después casi me muero, la pobreza aun existía en casa y la lucha era por la vida...me logré salvar por alguna razón poderosa...por un propósito que hasta la fecha está por verse y después de recorrer 50 años, 21 momentos de muerte de los cuales en su momento estaré narrando.

Continuará.

La muerte, amiga íntima.

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