6 de abril de 2008

¿Quién mató a Salvador Allende, Presidente de Chile?


Por: Eduardo Mackenzie
(Cortesía de la lista ABAJO CADENAS)
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Salvador Allende no se suicidó, ni murió bajo las balas de los militares golpistas el 11 de septiembre de 1973. Durante el asalto contra el palacio de la Moneda, el presidente de Chile fue cobardemente asesinado por uno de los agentes cubanos que estaban encargados de su protección. En medio de los bombardeos de la aviación militar, el pánico se había apoderado de los colaboradores del jefe de Estado socialista y éste, en vista de la desesperada situación, había pedido y obtenido breves ceses de fuego y estaba, al final, decidido a cesar toda resistencia. Según un testigo de los hechos, Allende, muerto de miedo, corría por los pasillos del segundo piso del palacio gritando: “¡Hay que rendirse!”.
Antes de que pudiera hacerlo, Patricio de la Guardia, el agente de Fidel Castro encargado directo de la seguridad del mandatario chileno, esperó que éste regresara a su escritorio y le disparó sin más una ráfaga de ametralladora en la cabeza. Enseguida, puso sobre el cuerpo de Allende un fusil para hacer creer que éste había sido ultimado por los atacantes y regresó corriendo al primer piso del edificio en llamas donde lo esperaban los otros cubanos. El grupo abandonó sin mayor tropiezo el palacio de la Moneda y se refugió minutos después en la embajada de Cuba, situada a poca distancia de allí.

Esta versión del fin dramático de Salvador Allende, que contradice las dos anteriores casi oficiales, dadas ya sea por Fidel Castro (la tesis de la heroica muerte en combate), ya sea por la Junta militar chilena (la del suicidio), emana nada menos que de dos antiguos miembros de organismos secretos cubanos, muy bien informados acerca de ese sangriento episodio y hoy exiliados en Europa.

En un libro que acaba de publicar en París las Ediciones Plon, intitulado Cuba Nostra, les secrets d’Etat de Fidel Castro, Alain Ammar, un periodista especialista en Cuba y América Latina, analiza y confronta las declaraciones que le dieran Juan Vives y Daniel Alarcón Ramírez, dos ex funcionarios de inteligencia cubanos.

Exilado desde 1979, Juan Vives es un ex agente secreto de la dictadura y sobrino de Osvaldo Dorticós Torrado, el presidente cubano de opereta que reinó de 1959 a 1976, y que fue “suicidado” en obscuras circunstancias en 1983. Vives cuenta que en noviembre de 1973, en un bar del hotel Habana Libre, donde algunos miembros de los órganos de seguridad del Estado solían reunirse los sábados para beber cerveza e intercambiar de manera informal chismes e informaciones de todo tipo, escuchó del mismo Patricio de la Guardia, jefe de las tropas especiales cubanas presente en la Moneda en el fatídico 11 de septiembre de 1973, esa escalofriante confesión.

Durante años, Vives no quiso dar a conocer esa información pues, como dice, “era peligroso hacerlo” y porque no había hasta ese momento ningún otro responsable cubano en el exilio que pudiera confirmar el carácter fidedigno de esos hechos. Cuando supo que Daniel Alarcón Ramírez, alias “Benigno”, uno de los tres sobrevivientes de la guerrilla de Ernesto Guevara en Bolivia, se hallaba también exilado en Europa, la idea de dar a conocer esos graves hechos volvió a cobrar fuerza.

En el libro de Alain Ammar, “Benigno” confirma plenamente la narración de Vives. Ambos conocieron a Salvador Allende y a su familia. Ambos vivieron en Chile durante el gobierno de Allende. Ambos escucharon, en momentos diferentes, la confesión de Patricio de la Guardia a su regreso a La Habana.

El libro de Ammar describe con precisión los últimos meses del gobierno de la Unidad Popular y, sobre todo, muestra el avanzado grado de control directo que Fidel Castro había logrado instalar --mediante sus centenas de espías de la DGI (un servicio cubano de inteligencia), mediante sus operadores y agentes de influencia implantados en Santiago--, sobre el presidente Salvador Allende, sobre sus ministros y hasta sobre sus amigos y colaboradores más íntimos. De hecho, la llamada “vía chilena al socialismo” había sido desviada por el castrismo hasta el punto de que dentro del gobierno de Allende hubo voces que criticaban esa brutal ingerencia. Meses antes de su muerte, Salvador Allende había sido ya “instrumentalizado por Castro”, explica Juan Vives.
“Pero Allende no era el hombre que la Habana quería tener en el poder en Santiago. Los que Castro y Piñeiro [brazo derecho de Castro en operaciones de espionaje en Latinoamérica, muerto recientemente en Cuba de un infarto] preparaban para el relevo, a espaldas del mismo presidente Allende, eran Miguel Henríquez, principal dirigente del MIR y Pascal Allende, número dos del MIR, lo mismo que Beatriz Allende, la hija mayor del presidente, quien pertenecía también al MIR”. Beatriz morirá en Cuba en 1974.

Ese control sobre el jefe de Estado chileno se había agudizado notablemente tras el primer intento de golpe militar, el 29 de junio de 1973, más conocido como el tancazo. Cuando la Habana supo que los chilenos que rodeaban al presidente estaban asustados, Fidel Castro hizo saber que Allende no podía en ningún caso rendirse ni pedir asilo en una embajada. “Si el debía morir, debía morir como un héroe. Cualquier otra actitud, cobarde y poco valiente, tendría repercusiones graves para la lucha en América latina”, recuerda Juan Vives. Por eso Fidel Castro dio la orden a Patricio de la Guardia de “eliminar a Allende si a último momento éste cedía ante el miedo”.

Poco después de los primeros ataques a la Moneda, Allende mismo había dicho a Patricio de la Guardia que había que pedir el asilo político ante la embajada de Suecia. El mandatario había incluso designado a Augusto Olivares, su consejero de prensa, para hacerlo. Probablemente por eso Olivares, alias el perro, fue también ultimado por los cubanos antes de que éstos enfilaran baterías contra el presidente de Chile. “Reclutado por la DGI cubana, Olivares transmitía hasta los pensamientos más mínimos de Allende a Piñeiro, quien, a su vez, informaba a Fidel”, declara Juan Vives.

Otro guardaespaldas chileno de Allende, un tal Agustín, fue también “fusilado” por los cubanos en esos momentos dramáticos, según la declaración hecha por “Benigno” al autor del libro. Semanas después del golpe de Estado, Patricio de la Guardia había revelado, en efecto, a “Benigno” el fin de Agustín, hermano de un amigo suyo que vive aún en Cuba, y le había dado otro detalle importante sobre lo ocurrido durante esa trágica mañana en el palacio de la Moneda: antes de ametrallarlo, el agente cubano había atrapado con fuerza a Salvador Allende, quien quería salir del palacio, y lo había sentado en el sillón presidencial gritándole: “¡Un presidente muere en su sitio!”.

La versión del asesinato a quemarropa de Allende no era del todo desconocida. El 12 de septiembre de 1973 varias agencias, entre ellas la AFP, resumieron en cuatro líneas ese hecho. Publicado al día siguiente por Le Monde el cable decía: “Según fuentes de la derecha chilena, el presidente Allende fue matado por su guardia personal en momentos en que pedía cinco minutos de cese al fuego para rendirse a los militares quienes estaban a punto de entrar al palacio de la Moneda”. Ammar indica que esa hipótesis “fue enterrada inmediatamente” pues ella no le convenía a nadie: “ni a los colaboradores de Allende, ni a la izquierda chilena, ni a sus amigos en el extranjero, ni a los militares ni, sobre todo, a Fidel Castro…”.

La confirmación que esa, hasta hace poco, “hipótesis” acaba de recibir de parte de Juan Vives y Daniel Alarcón Ramírez podría ser reforzada en el futuro por los testimonios de otros funcionarios cubanos silenciados hasta ahora y por documentos que se encuentran fuera de Cuba. En efecto, en un banco de Panamá reposaría la pieza maestra de este magnicidio.
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Según los autores del libro, Patricio de la Guardia, condenado a treinta años de cárcel durante el proceso-farsa contra el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez, y hoy en residencia vigilada, habría depositado en el cofre de un banco panameño un documento comprometedor en el que describe, entre otras cosas, el asesinado de Allende por orden de Castro, texto que debería ser revelado en caso de muerte de Patricio de la Guardia. Fidel Castro, según los autores del libro, habría tomado muy en serio esa amenaza y habría hecho que éste escapara al fusilamiento, a diferencia de Tony, hermano de Patricio, quien junto con el general Ochoa y dos otros funcionarios del ministerio del Interior, fué pasado por las armas el 13 de julio de 1989.

La revelación de lo ocurrido a Salvador Allende no es interesante únicamente para los historiadores de la calamitosa aventura de la Unidad Popular en Chile. Lo es igualmente, y de qué manera, para los nuevos amigos latinoamericanos de Fidel Castro, especialmente para el presidente Hugo Chávez de Venezuela. Hugo Chávez y los otros, por más jefes de Estado confiables que puedan ser para La Habana, como lo pudo haber sido en su momento, al menos en los papeles, el presidente Allende, podrían estar siendo ahora objeto de idénticos entramados siniestros de control y de dominación física y política directa por parte de los mismos servicios que obraron tan bestialmente contra el presidente de Chile. El libro de Alain Ammar aborda, en sus 425 páginas, muchos otros temas y episodios relacionados con las complicadas y no siempre exitosas operaciones secretas de La Habana en Cuba y en varios países.

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4 de abril de 2008

Ideología y práctica.



Por: Ricardo Rosales Román


El Comandante Ernesto Che Guevara es el paradigma revolucionario de quien actúa como piensa y piensa como actúa, así como de consecuencia consigo mismo y con los demás. En un revolucionario, es ésta la forma más alta y superior de coherencia en lo que se dice y lo que se hace y en lo que se hace y lo que se dice. De ahí la importancia de la interrelación entre ideología y práctica y práctica e ideología.

En mis columnas del 16 y 23 de mayo pasado, glosé muy apretadamente el ensayo de James Petras Los intelectuales de izquierda y su desesperada búsqueda de respetabilidad. En la primera de ellas están las ideas centrales acerca de en qué consiste esa ansiada búsqueda de respetabilidad y que para nuestro país tienen vigencia y actualidad y hay que tener en cuenta.

En la del 23, resumí las cuatro estrategias que la élite burguesa les define a los intelectuales de izquierda a fin de ganarse esa tan ansiada respetabilidad. Considero, también, que lo que Petras sostiene tiene ahora más actualidad que cuando el 13 de marzo de 2001 se publicó su importante ensayo, así como su caracterización de los "intelectuales en alquiler", los "intelectuales de casa", los "intelectuales en angustia permanente", los "intelectuales pesimistas", y los "intelectuales irreverentes".

Del año pasado para hoy y, más concretamente, en estos días, he ido recopilando y sistematizando elementos nuevos que enriquecen los trabajos y aportes acerca de la ideología y la práctica y pueden contribuir a una interpretación y explicación de esta importante cuestión en tanto que en América del Sur y el Caribe se está ante el despunte de un cambio de época y, en consecuencia, de nuevas y desafiantes cuestiones referidas al quehacer teórico y la práctica.

Hechos recientes como la masacre cometida por el gobierno de Colombia en territorio ecuatoriano el primero de marzo de este año, demuestran "la naturaleza manipuladora de la ideología imperialista" y el control que ejerce sobre "la mayoría de los medios de comunicación masiva". Así lo asegura el analista mexicano Gilberto López y Rivas quien, a su vez, observa que "en el entorno intelectual y político de nuestros países" hay "a quienes abochorna su pasado de lucha gremial, social o revolucionaria e, incluso, a quienes reniegan del mismo, llegando algunos a considerarlo pecado de juventud superado por su madurez crítica y realista [...]".

Hace referencia, además, a que "son estos procesos de desgaste moral y deterioro de guías básicas los que han hecho posible en muchas ocasiones la derrota del proceso revolucionario. Pero incluso -agrega- estas condiciones tienen que ser observadas en función de la permanente lucha no sólo contra los enemigos imperialistas, sino también la oposición a su penetración ideológica y política en el interior de los movimientos contra hegemónicos y revolucionarios".

En un momento como el que estamos atravesando en el país y su complicado y delicado entorno internacional, algo de lo que se hace y se piensa en otros países y pueblos hermanos, así como su experiencia en lo teórico y labor diaria, y de lo que se dice y se hace en nuestro medio, hay que darle seguimiento y sistematizar a fin de enriquecer la experiencia práctica y el bagaje teórico.

Al respecto, tiene especial importancia la posición a asumir ante la edificación del socialismo en Cuba y los desafíos, retos, dificultades y problemas a que ha tenido que hacer frente e ido superando exitosamente en medio del criminal bloqueo imperialista.
En tal sentido, el columnista cubano Ricardo Ronquillo es de la opinión que "el socialismo como referente de emancipación humana ha tenido dos renacimientos de la mano de los revolucionarios cubanos dirigidos por Fidel. El primero tras el triunfo de la Revolución y la declaración de su carácter socialista, y el segundo después del derrumbe del sistema en Europa del Este y la URSS.

"La resistencia del país ante el más grave golpe moral al socialismo y la más dura encrucijada de nuestra patria [?], agrega, reanimaron la llama de la reconstrucción de la izquierda en América Latina". En el momento actual y "en una circunstancia histórica excepcional -puntualiza- el país y su liderazgo, estarán junto al pueblo ante el tablero de ajedrez sobre el cual tendremos que plantearnos y acometer las mil jugadas que conduzcan a la irreversibilidad del socialismo".

Ya lo dijo el compañero Fidel el 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. "Este país puede autodestruirse por sí mismo -advirtió-; esta Revolución puede autodestruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos (los Estados Unidos); nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra".

En consecuencia, la solidaridad con la Revolución Cubana y el socialismo del Siglo XXI, sus retos, desafíos y dificultades, es la piedra de toque que define la posición de los revolucionarios y demás pueblos y países del mundo.
Se trata de salvar el ideal del socialismo e impulsar "la voluntad de la sociedad hacia el porvenir, y no hacia el pasado", como lo plantea Ronquillo.

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